La represión de un tipo uno. Microrrelatos en clave de Eneagrama de la personalidad.

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01 dic La represión de un tipo uno. Microrrelatos en clave de Eneagrama de la personalidad.

Marta acudía a la consulta del traumatologo en su visita rutinaria del mes, padecía de un dolor crónico en sus rodillas desde hacia un tiempo, concretamente desde que en su trabajo le reducieron el horario a media jornada, sin ni siquiera darle opción a meditarlo o ver alguna otra posibilidad. Ella sabía de varios compañeros a los que se les propuso la misma opción, sin embargo a ellos si les dieron la oportunidad de llegar a algún tipo de acuerdo menos drástico, por lo que sentía una sensación de injusticia para con ella que no era capaz de asimilar.
Viendo que sus rodillas le seguían doliendo sin remisión hasta el momento, decidió hacer caso a su amiga Ana que le dejó un diccionario psicosomatico que hablaba de patologias físicas asociadas a un componente emocional, mientras esperaba su momento de entrar a la consulta. Al ver en el diccionario los posibles conflictos asociados a las rodillas no pudo sino soltar un ¡Joder! Cuando leyó la frase “postrarse ante alguien, tener la obligación de arrodillarse ante alguien o alguna situación”, la biología de su organismo según leía, daba una solución de adaptación al conflicto desde el inconsciente, así funcionaba su biología por lo que decían aquellas letras, que además expresaba en forma de síntomas la energía emocional bloqueada o reprimida.
Marta se quedó pensando en esto, y en cuantas veces no se había permitido o no había sido consciente de que se estaba reprimiendo en su emoción, cuantas veces ignoró o rechazó sentir esa rabia que le invadía por no ser “lo correcto” tal y como le había enseñado su padre. Su padre fue teniente de la guardia civil, ahora ya jubilado, si bien Marta no tenia recuerdos de mal comportamiento o agresividad por parte de su padre, si eran muchas las veces que había sentido un profundo respeto hacía su figura jerárquica.
Marta repasaba mentalmente esos contextos que le iban permitiendo ser consciente de como en su niñez tuvo que renunciar inconscientemenrte a la emotividad, la expresividad y la instintividad de la niña que había sido, por ese halo de corrección que flotaba en su contexto familiar.
Absorta en sus pensamientos, Marta enlazaba unas cosas con otras mentalmente, se veía en su adolescencia tratando de ser lo mas perfecta posible para que sus padres estuviesen orgulloso de ella, ya que sus expectativas siempre fueron muy altas con ella en todo lo que concernía a su educación y posibilidades futuras.
Mientras reflexionaba sobre esto, Marta dilucidaba hasta que punto influyó en su personalidad y en su modo de afrontar y enfocar las situaciones todo esto. Y pensó que quizá su deseo de solucionar las cosas siempre de la forma mas perfecta posible, tenía un vinculo emocional con lo que estaba viendo en su pantalla mental, si era esto una especie de energía interior que le llevaba a ver las cosas de esa forma tan obcecada, poco flexible, que le hacia que le costase tanto adaptarse a los contextos variables, si esa forma suya de anclarse a “su razón” y querer defenderla a toda costa no tenía que ver con todo aquello que estaba viniendo como una catarata de impresiones a su mente. Si esa critica continua hacia todo lo que no era de su agrado o afín a su forma de pensar, si esa insoportabilidad que le invadía cuando sus compañeros de trabajo se dejaban llevar por sus emociones y los veía expresandolas descontroladamente no era el reflejo de sus propia carcel mental constituida por aquel sistema de creencias que había instalado en su software mental-emocional inconscientemente.
Mientras Marta seguía absorbida por todo aquello se oyó una voz en tono alto que dijo, “Marta García”, que le hizo despertar de ese estado y darse cuenta de donde estaba y de que era su turno de consulta. Caminando hacia su encuentro con el traumatologo Marta decidió que iba a explorar su campo emocional mas abiertamente, esa rabia que sentía y de la que en muchos casos no era ni siquiera consciente de ella, así como el espacio mental en el que forjaba la defensa de sus creencias sobre como tenían que ser o no las cosas. Cuando Marta tomó asiento ya delante del doctor, observó extrañada que sus rodillas apenas le molestaban en ese momento.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
2 Comments
  • Fernando Ángel Coronado
    Posted at 08:21h, 02 diciembre Responder

    Hola Jose Luis; me siento totalmente identificado con el caso de Marta; siempre me ha fascinado observar hasta qué punto estamos influidos por nuestra herida o nuestra sombra y es necesario que nos sucedan estos grandes shocks para que podamos percatarnos de ella. Es genial comprobar, además, cómo la conciencia sigue y seguirá siendo la mejor medicina, el mejor remedio al fin y al cabo, para vivir una vida mucho más plena.
    Abrazos.

    • jlrosa
      Posted at 08:51h, 02 diciembre Responder

      Hola Fernando Angel! Me alegra que te pases por aquí amigo, ¿Eres un uno en el Eneagrama? La verdad es que lo más importante como bien dices es como la conciencia sigue su curso imparable con el flujo de la vida.
      Un abrazo!

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