El impulso unitario y los subimpulsos tierno y agresivo.

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26 jul El impulso unitario y los subimpulsos tierno y agresivo.

El impulso unitario o impulso de vida es la disposición energética orientada al mantenimiento del contacto con la unidad del ser, y lo hace a través de la satisfacción, relajación, y el placer, de la vida individual y de la especie, que se manifiesta originalmente como un impulso hacia la creatividad amorosa y espiritual. Este impulso unitario es una energía de vida que viene de base, sin embargo, en la confrontación del niño con el mundo exterior, este impulso unitario deberá adaptarse a las demandas que le impondrá el medio en el que vive y se desarrolla, hasta llegar a persona adulta, principalmente a las demandas del contexto familiar. En este proceso de desarrollo y adaptación partes de los componentes energéticos del impulso unitario pierden su condición original, puesto que necesitan ser contenidos y desviados inconscientemente para sobrellevar lo mejor posible las situaciones del medio familiar o en el que vive.
La perdida de la condición original del impulso unitario implica su disociación, ya que una parte de él, tiene que disponerse como opuesto a los impulsos que sido necesario desviar o inhibir, en una función de contención defensiva, generando un mecanismo de defensa ante algo que considera negativo. Es una creencia que se arraiga junto con un modo de actuar para inhibir o desviar ese impulso, esto se manifiesta en el carácter construyendo la personalidad.
Por lo tanto la energía necesaria para estructurar y mantener las defensas del carácter ante las frustraciones vividas en las relaciones con el mundo exterior provienen de la propia persona, de ese impulso unitario, siendo esta la energía psicoemocional que maneja el individuo, el medio externo aporta únicamente el obstáculo a su expresión, lo que da lugar a la frustración de la tendencia natural a una expresión espontánea, autentica.
Es esta energía del impulso unitario que al verse alterada se produce un estancamiento de la misma o una desviación que vivimos en forma de sensaciones, emociones y características en nuestro cuerpo, puesto que está todo el tiempo en funcionamiento.
Hablar del impulso unitario es hablar del flujo de la vida, del “Tao” del “Chi” o como quieras llamarlo.
El impulso unitario al verse alterado se disocia principalmente en dos subimpulsos, el subimpulso tierno y el subimpulso agresivo.
Estos dos subimpulsos representan la polaridad yin y yang, masculino femenino, o positivo negativo. Uno es una energía agresiva y el otro una energía tierna, sin enjuiciar estos conceptos mas que como meros conceptos, no hay bueno ni malo, ya que uno está contenido en el otro y a la vez son inseparables. Es de su relación equilibrada y armónica de la que depende el fluir espontáneo y natural de la vida en general y en cada uno en particular.

Ternura-de-madreEl subimpulso tierno es la cualidad energética del impulso unitario que cumple con la función de hacer perceptibles los diversos estados por lo que pasa la persona, tanto si su origen está en el propio individuo como si responde a estímulos exteriores. A través del subimpulso tierno percibimos nuestros estados carenciales como los de satisfacción. Es decir, su función principal consiste en mantenernos en contacto con nuestra propia intimidad, tanto a nivel corporal y biológico como a nivel intelectual, emocional y espiritual. Principalmente cumple la función de mantenernos informados acerca de las necesidades y los deseos, de su reconocimiento y de la posibilidad de restaurar el equilibrio energético psicoemocional.
Es aquí donde aparecen las disfunciones, ya que una percepción distorsionada transmitida por el subimpulso tierno va a ocasionar una distorsión paralela en el sentimiento de confianza en la propia capacidad de autorregulación del organismo y la conciencia , y en consecuencia de la confianza en el propio ser y en la vida.
El desarrollo y arraigamiento del subimpulso tierno en la etapa de desarrollo infantil va a ser determinada en gran medida por la función “madre”, por el amor “compasivo” como le llama Claudio Naranjo.
Durante esta etapa se desarrolla y arraiga el sentimiento básico de seguridad en el medio, en la existencia y en la capacidad de autonomía. Durante este tiempo principalmente ocurre en los dos primeros años y medio de vida la percepción que el niño tiene es principalmente sensitiva y sensorial, ya que su capacidad cognitiva no está suficientemente desarrollada, y en esa capacidad sensorial y sensitiva basa sus experiencia de placer y relajación o de tensión y displacer.
El niño se percibe, sobre todo hasta el primer año y medio de vida como el centro de su mundo, ya que no es capaz de establecer una distinción suficiente entre los estímulos del mundo exterior y los que tienen origen en su mundo interior. En esta etapa cuando el niño tiene hambre siente su hambre, simplemente, no procesa si proviene del exterior o no, y así con cualquier necesidad, (cariño, afecto) si esta no es satisfecha adecuadamente su percepción es que es él quien no se satisface, quien prolonga o genera su estado de tensión displacentera. En este caso se percibe como el origen y el causante de su propio displacer y perdida de estado placido consigo mismo. La perdida de ese contacto básico placido consigo mismo, hará que se perciba través del displacer y tratará de evitarlo con todo su ser, generando de manera inconsciente un mecanismo del carácter. Es decir, que la experiencia que el niño tiene de sí mismo, inmerso en un estado de bienestar tierno y amoroso, queda interrumpida por el displacer en mayor o menor intensidad, y percibiendo a sí mismo como la causa de este cambio. Como consecuencia de esto el niño interrumpirá el contacto con su estado amoroso y esencial. Cada vez que sienta la sensación de una necesidad en vez de mantener el contacto y esperar la satisfacción se predispondrá a evitar la experiencia del displacer, de la que guarda memoria por su tensión o repetición, creando así un mecanismo de defensa básico que dará origen a otros mecanismos según su desarrollo.
En definitiva, la función del subimpulso tierno, cumple con la función de establecer las bases sobre las que se desarrollará la personalidad y el carácter del adulto. Es el origen de la perdida del contacto con la energía básica de confianza y amorosa de la vida.

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Por su parte el subimpulso agresivo es la cualidad energética del impulso unitario que cumple con la función de satisfacer las necesidades de las que da noticia el subimpulso tierno. Su función principal es la de arraigar al ser en el mundo externo, posibilitando el contacto y dandole capacidad para estar y hacer. Además de satisfacer las necesidades básicas y los deseos mas primarios, su equilibrio armónico será esencial para el desarrollo de las potencialidades creativas y espirituales, para obtener y dar al mundo lo que necesite y tenga de sí mismo.
Su importancia trasciende al propio individuo y puede llegar a alcanzar la fuerza para contribuir a una sana evolución individual o colectiva, o para su destrucción dependiendo de su distorsión.
Realiza su función mediante la acción, la expresión de la fuerza y energía, dirigida en principio al exterior, y solo posteriormente a lo largo de la evolución  psicoemocional, se dirige al mundo interior, como por ejemplo, en la toma de decisiones entre otras.
La función del subimpulso agresivo implica básicamente un movimiento dirigido hacia un objeto exterior, con el fin de satisfacer de forma activa una necesidad o un deseo. Cuando la finalidad de la acción no es la de procurarse la satisfacción, sino la de evitar tomar conciencia de ella y confrontarla, el subimpulso agresivo cambia tanto su dirección como su función, y se convierte en un mecanismo de defensa antitético y agresivo. Por lo tanto su función esencial es la de mantenernos en contacto con el mundo exterior y con la capacidad de acción e influencia sobre él, para procurarnos la satisfacción y el bienestar, o para evitarnos insatisfacciones y displacer, sean estos reales o imaginados por nuestros pensamientos basados en creencias constituidas.
Es por ello que responde de una parte a las demandas que recibe del subimpulso tierno y de otra a las posibilidades del mundo exterior.
Su disfunción va a ocasionar en el adulto posiciones que van desde la pasividad, la sumisión, la dependencia, a la impulsividad y la rebeldía o la violencia, dependiendo de las experiencias y vivencias que van formando el carácter y la personalidad, si bien siempre partiendo de esta base de los subimpulsos.
En su inicio el desarrollo y arraigamiento del subimpulso agresivo, va a depender de las relaciones que se establezcan con la función “padre”, esta función principalmente recae en la figura paterna, pero no únicamente, también son importantes todas las relaciones alrededor del niño que estén en dicha función, como pueden ser abuelos o profesores mas adelante.
Para que el niño pueda desarrollar bien este subimpulso debe ser ayudado por el padre al desarrollo invistiendo al niño de la autoridad suficiente para que pueda ejercer el poder personal que obtuvo mediante el reconocimiento de la madre. Esto es a través de proporcionarle seguridad en sus acciones desde una tolerancia amorosa con los limites que precise, no con descalificaciones autoritarias o humillaciones, en muchos casos encubiertas de “gracia”
Así pues la función madre nos provee de la capacidad personal individual, la función padre nos provee de la capacidad personal frente al mundo, ambos deben estar equilibrados, La disfunción de este subimpulso, implica una distorsión, que tiene como consecuencia la desconfianza en las propias capacidades para alcanzar la necesaria satisfacción frente al mundo al que se puede llegar a percibir como hostil, por dificultar o inhibir la acción creativa, la libertad, el desarrollo espiritual, potenciar la pasividad y temer la entrega comprometida al propio ser.
Normalmente pensamos una vez visto esto que ya está hecho el daño, y que al ser adulto ya no podemos o nos va a costar sanar esta distorsión, pero la realidad es que siempre estamos listos para sanar y equilibrar en este caso los subimpulsos, para ello el trabajo con el Eneagrama de la personalidad es sumamente útil si se hace de manera profunda y consciente, así como otros trabajos personales que también pueden ayudar, para esto sólo se necesita apertura, honestidad y ganas de evolucionar. Esto ya depende de cada cual y de su momento.
¿Que subimpulso notas más distorsionado en ti?

(Gracias al trabajo de Juan José Albert director del instituto de Psicoterapia emocional y técnicas de grupo, de quien proviene esta información, mucho mas desarrollada en sus formaciones o en el libro “Ternura y agresividad”)

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
1Comment
  • hechizos de amor
    Posted at 01:04h, 07 diciembre Responder

    excelente post, este blog me ha gustado muchisimo, gracias por la buena informacion que compartes. saludos

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