El Eneatipo 9 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

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07 jun El Eneatipo 9 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

Terminamos hoy la serie de entradas en el blog dedicadas a los eneatipos del Eneagrama de la personalidad, y su desarrollo mediante la práctica de la meditación de atención plena, y  la presencia consciente. Cerramos hoy la serie con el Eneatipo 9.

El Eneatipo Nueve: Seguir la corriente
Debido a su ampliamente enraizada tendencia a no estar atentos a su mundo interior y a su compulsión en relación al autoolvido, los Nueve deben darse cuenta plenamente de que el desarrollo de la atención, la vigilancia y la alerta son los asuntos más básicos y urgentes que deben tener en cuenta, momento a momento. Lo que significa que necesitan, en gran medida, practicar la meditación de la visión profunda en su vida cotidiana, con un compromiso auténtico, para que la estructura definitiva de cara a hacer lo esencial de cada día se establezca firmemente. Como ya hemos aprendido, el verdadero espíritu de la práctica de la visión profunda y/o atención plena  estriba en nuestra perseverancia en estar en un presente pleno y creativo, experimentando y viviendo sin excusas cada instante a medida que se despliega. No estoy sugiriendo que uno deba ir en contra o alejarse de lo que le desafía en el momento, sino que debe de ir hacia la verdadera investigación de los asuntos relacionados con la firme determinación de permitirnos estar totalmente ahí, con todo lo que pasa. No es nada más que un arte de vivir plenamente en el presente momento, así como de capturar el instante junto a todas las cosas que le acompañan. De este modo, se producirá un aumento de la consciencia y ello nos conducirá a sacar a flote nuestro poder y capacidad para estar cada vez más atentos, ser vigilantes y conscientes, de modo que podamos estar cada vez más despiertos a nuestro propio ser y, por lo tanto aumentará el discernimiento del sí mismo y nuestro propio mundo interior. ¡Comprobémoslo!
Para reducir la inercia patológica o indolencia, muy enraizadas en la distorsión piscomeocional del nueve,  generando el sopor y la pereza, los Nueve deben cultivar otros dos factores vitales de la consciencia meditativa: la acción constante de poner la mente en el objeto o el trabajo del presente momento y el acto de examinar lo que se presenta en el instante. El primer factor es semejante al cultivo de la atención en la que uno y su mente se aplican de continuo en todo lo que hacen para permitirse estar plenamente con ello y mimarlo de un modo cálido y afectuoso, del mismo modo que una abeja hace con las flores; mientras que el segundo factor apunta a la función de consciencia repentina y a la visión interior que mira de un modo penetrante tanto las apariencias como el quid de la cuestión que se presenta a la mente consciente, o el ego sí mismo, en ese momento único.
No olvidemos que la meditación de la visión profunda, o la práctica de la atención plena, no solo debe hacerse en la tradicional postura sentada en un período de tiempo determinado y un lugar concreto, sino que debe llevarse a cabo en cualquier postura, cualquier lugar y en cualquier momento, cuando lo evidente penetra en la consciencia o exige nuestra atención. Se trata de una herramienta que debe utilizarse de inmediato tanto al trabajar con materiales, las cosas mundanas y los asuntos cotidianos de la vida, como en los asuntos psicológicos y espirituales, el autocrecimiento,  y autotransformación, incluyendo la tarea de intentar encontrar una solución a los problemas personales y conflictos internos.
Evidentemente, este trabajo exige una consciencia vital y un despertar duradero, con el fin de tener éxito a la hora de conseguir unos resultados satisfactorios. La práctica de la visión profunda no es más que mantenerse plenamente consciente y siempre despierto. No hay un tiempo, lugar o circunstancia para confinarla, puesto que se trata de la herramienta más práctica, que está disponible para ser utilizada en todo momento y en todas las situaciones de la vida.
De igual importancia es la meditación sentada regular diaria, que puede ayudar a ponernos en contacto con el sí mismo antes de ir a trabajar o llevar a cabo las actividades de cada día, así como agudizar y profundizar la atención y la consciencia. En esta práctica de sentarse con frecuencia, los Nueve deben empezar permaneciendo con la respiración, experimentando su ir y venir, desde que empieza hasta que acaba, disfrutando de la sensación de flujo eterno de la respiración, y al mismo tiempo observando cada cosa que aparezca durante el período de estar con la respiración. A partir de ahí, simplemente proseguimos prestando una plena atención a la respiración y estamos con ella lo más plenamente posible sin implicarnos con otra cosa, aunque hemos de darnos cuenta de todo lo que sucede y, tras experimentarlo y conocerlo, dejarlo ir. Por lo tanto, sigamos fluyendo con la consciencia simple y desapegada de estar ahí en el presente pleno en el que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y distintos patrones de energía pueden aparecer y desaparecer momentáneamente. Dejemos que venga y vayan sin distraernos o dejarnos llevar, o implicándonos innecesariamente con ellos, pero dándonos cuenta y honrándolos de un modo auténtico e incondicional.
Además, hemos de permitir que todos los patrones del carácter del número Nueve se manifiesten a través de la consciencia durante la meditación sentada. La tarea del meditador es reconocerlos plenamente, examinarlos a fondo y mantener un ojo interior observador sobre ellos, en particular aquellos patrones que parecen ser más compulsivos y dominantes, de modo que podamos practicar cada vez más la desidentificación. Si los Nueve ( o en realidad cualquier otro meditador) logran comenzar su día reconociendo su sí mismo así como sus patrones del ego, mediante la práctica de un sentarse atento, tendrán la posibilidad de acompañar su vida diaria de la fuerza y la energía vital obtenida a partir de ese profundo contacto consigo mismos, lo que les será de gran ayuda a la hora de mantenerse despiertos y conscientes en el curso de sus actividades. A causa de ello, se sentirán más ligeros, más libres y más espaciosos, tanto interiormente como en relación a su entorno.
Una Historia para el Eneatipo 9.
La historia de un monje budista llamado Chulapanthaka, que se unió a la orden monástica a sugerencia de su hermano, que también era monje. Su hermano lo consideraba tonto, torpe y físicamente perezoso, puesto que le costaba mucho aprender cualquier cosa. Su atención era tan pobre, que ni siquiera podía aprender de memoria cuatro líneas de un verso tras intentarlo durante cuatro meses. Confuso, frustrado y autocrítico, se percibía como alguien desesperado y falto de valor par seguir practicando la disciplina monástica. Por lo tanto, un día decidió abandonar la orden y regresar a su vida laica y seguir con la práctica del Dharma en el mundo.
Ese día, muy pronto por la mañana, mientras abandonaba el monasterio se encontró a Buda, que en la puerta, le pregunto cómo le iba y le dijo que hiciera unos sencillos ejercicios de meditación, que él estuvo dispuesto a practicar. Entonces Buda le dio un pañuelo blanco limpio y le dijo que lo restregara por el polvo. Tras hacer esto durante un rato, Chulapanthaka vio que se ensuciaba y miró a Buda que le sugirió que debía lavarlo y luego volverlo a restregar en el polvo mientras recitaba un mantra: Rahoharanam, Rajoharanam, Rajoharanam (que significa limpiar la suciedad).
Hizo este ejercicio repetidas veces durante algún tiempo, hasta que se estabilizó en la meditación y se dio cuenta de lo que realmente Buda quería decir. Luego dejó el pañuelo a un lado, cerró sus ojos, y empezó a dirigir una mirada vigilante a todo el polvo y suciedad que había en su interior mientras eliminaba la inercia de su psique, limpiando toda contaminación mental, una tras otra, transformándose mediante el proceso de esta meditación continua y profunda. En este punto, Buda lo dejó para acudir a una cita. Estaba programada una reunión de sus quinientos monjes en la mansión de un laico acaudalado, que le estaban esperando. A lo lejos, Buda prosiguió con su misión de pasar parte de su tiempo ayudando a Chulapanthaka, para que profundizara progresivamente en su meditación, hasta que los cinco poderes de la fe, la energía, la atención, la concentración y la sabiduría se hubieran desarrollado totalmente con un completo equilibrio. Finalmente alcanzó la iluminación plena mientras los monjes y Buda seguían tomando su desayuno.
Es interesante destacar que, en el momento de la iluminación de Chulapanthaka, todas las competencias psíquicas y poderes sobrenaturales, no fáciles de conseguir puesto que precisan de un entrenamiento muy largo, complicado y duro, explotaron de repente y, por lo tanto, le permitieron llevar a cabo un milagro extraordinario y convencer a su hermano y otros monjes de su logro final. Además, evidentemente, se destaparon de un modo natural y fluyeron sin fin desde la profundidad de su ser total, el conocimiento interior, la visión, la luz, la sabiduría y el dominio de los cantos y la recitación de Sutras. En realidad, estaba serenamente sorprendido al comprobar todos estos acontecimientos, pero fue más allá de toda duda en su mente siempre nueva y pura, así como intrínsecamente luminosa consciencia.
Por lo tanto, fue invitado a unirse al banquete y, al final de la ceremonia del almuerzo, Buda le pidió que diera un sermón en su honor, lo que hizo con brillantez. Su hermano quedó perplejo y se asombró de ser testigo de tal proeza.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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