El Eneatipo 8 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

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25 may El Eneatipo 8 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

Seguimos con las entradas referidas a la estructura de personalidad o eneatipos según el Eneagrama de la personalidad. En esta ocasión el Eneatipo 8. Penúltimo de la serie de entradas dedicadas al Eneagrama y la meditación como desarrollo personal.

El Eneatipo Ocho: Intimidando
Los Ocho deben trabajar con ahínco y sinceridad en dos temas básicos. El primero de ellos es el excesivo desarrollo de la acción en el mundo, que es peligrosa y desconfiada; el segundo es un cambio radical de atención y foco, pasando del modo activo al receptivo. Ello se debe a que, cuando nos comprometemos con el mundo exterior, perdemos el contacto básico con el propio sí mismo; más nos dedicamos agresivamente al desarrollo mundano y ponemos una energía desmesurada en los actos que pretenden lograr algo en el mundo “fuera de aquí”,  perdemos el equilibrio dentro-fuera y más nos alejamos del “sí mismo” y de la “esencia”. Más penetramos en el mundo material, más difícil se vuelve volver a nuestro hogar original: nuestra totalidad o el sí mismo real (en el verdadero sentido de totalidad del ser). Lo que se debe al hecho de que tanto ponemos, tanto recogemos, y no hay forma de escapar a los actos, sentimientos y pensamientos que uno fomenta, puesto que se trata de la antigua ley de la causa y el efecto.
Para volver a casa, los Ocho han de preocuparse por la energía y el equilibrio que utilizan a la hora de movilizarse en las actividades de la vida de cada día. Es más importante aún que aprendan a escucharse a sí mismos desde dentro para que no enfermen físicamente, emocionalmente y espiritualmente antes de que pueda cambiar de forma de vida. De ahí que la práctica de meditación diaria sea algo absolutamente necesario para los Ocho, puesto que les ayudará no sólo a regresar al sí mismo y ser capaces de escuchar de un modo eficaz su quieta voz interior, sino mantener sus cuerpos y mentes abiertos, limpios y claros de forma que puedan crear una nueva modalidad para los pensamientos y visiones positivas y, por lo tanto, el amor de sus corazones llene cada fragmento de su realidad.
En este contexto oigamos lo que, de modo elocuente, expresa Edward Bach en su libro Heal Thyself: “….la necesidad de buscar en nuestro interior aquellos defectos que poseemos y que nos hacen funcionar en contra de la Unidad y nos desarmonizan en relación a los dictados del alma, así como la necesidad de eliminar dichos defectos desarrollando las virtudes opuestas a ellos…. un autoexamen honesto nos mostrará la naturaleza de nuestros errores. Nuestros consejeros espirituales, terapeutas o médicos de confianza y amigos íntimos deben ser capaces de ayudarnos a obtener un cuadro fiel de nosotros, pero el modo perfecto de aprenderlo es mediante el pensamiento sereno y la meditación, y dándonos una atmósfera de paz tal que nuestras Almas sean capaces de hablar mediante nuestra consciencia e intuición, y guiarnos de acuerdo a sus deseos. Si pudiéramos dedicar un poco de tiempo cada día, solos, en lugar tranquilo, libre de interrupciones, simplemente a sentarnos o estar tranquilos, observando los procesos de la mente o pensando de forma serena sobre nuestras tareas en la vida, tras un tiempo veríamos que, gracias a estos momentos, conseguimos una gran ayuda, como si obtuviéramos destellos de conocimiento y guía”.
El paso inicial que deben dar los Ocho en la práctica de la meditación es un simple ejercicio de respiración sentándose quietos, relajados, cerrando sus ojos y respirando con normalidad. Pueden formalizarlo inspirando durante cinco veces, manteniendo la respiración otra cuenta de cinco, y luego espirando cinco veces. Deberán hacerlo durante algunos minutos y acostumbrarse a este patrón regular de respiración. Luego, seguir sentados y observar de un modo activo y vigilante lo que pasa, en particular en la mente. Podemos considerar los pensamientos como nubes que flotan en un cielo abierto y azul. No nos impliquemos, simplemente observémoslos. Si nos llevan, volvamos a nuestra concentración en la respiración y al contar. Se trata de una práctica básica de la meditación vipassana/samádhi de inicio.
Con el segundo paso, los Ocho meditadores, tras tener alguna experiencia de calma interior y estabilidad, pasan a la práctica de la atención estando plenamente con su conciencia en el momento presente, manteniendo sus mentes observadoras y alerta, así como los cuerpos vitalmente despiertos mientras están sentados , caminando, de pie o estirados. El foco está en lo que pasa en ese momento, en el presente. Es también una buena práctica para trasladarla al mundo exterior. Hemos de ser conscientes de cuando estamos preocupados, alterados o atrapados en los pensamientos de lo que podríamos o deberíamos hacer o de lo que alguien nos ha hecho; o cuando nos sentimos inseguros o proyectamos nuestras necesidades en ideas o planes futuros. Este tipo de consciencia es un paso importante para encontrar la paz y el gozo en el mundo del aquí y ahora. Cuando dominemos bastante a fondo este segundo paso, él mismo nos conducirá a modo natural a pasos posteriores sin tener que preocuparnos por lo que sigue. Ello se debe a que la meditación no funciona en términos de una fase a la siguiente, si no que se centra en lo que sucede en el instante, una cosa a la vez, experimentando cada una de un modo pleno: del mismo modo que un águila, que vuela alto en el cielo azul y que con su vista de largo alcance dirige su atención a un lugar concreto en el que se encuentra una presa y no se evade o pierde en la inmensidad de la tierra.
Pasemos a elaborar el concepto de modo activo y modo receptivo. De entrada, debemos entender con claridad que la meditación es un proceso natural que modifica el estado de consciencia variando el foco del modo activo al modo receptivo. Esta práctica pone el acento en dejar estar a la mente pensante  y en simplemente ser . Podemos equilibrarnos, situándonos en un lugar intermedio (el lugar en el que no hay identificación, ya sea con la derecha o con la izquierda, la luz o la oscuridad, lo interior y lo exterior) y ser conscientes tanto del pensamiento racional consciente dirigido hacia el mundo exterior (modo activo) como de las percepciones visuales y creativas, orientadas al espacio (todo es uno) del mundo interior (modo receptivo). No olvidemos que el ser o la esencia sólo pueden conocerse directamente cuando estamos en una actitud mental receptiva y no en la apasionada búsqueda del triunfo, el placer u otros sustitutos para el ser, puesto que dicha búsqueda únicamente perpetuará la ilusión óptica de la consciencia, de modo parecido a cuando Nasruddin buscaba sus llaves bajo el foco de luz y no en su casa, donde las había perdido.
Para que esto sea más práctico, los Ocho (y en realidad todos) que viven en un mundo ajetreado, deben dedicar veinte o treinta minutos, una o dos veces al día, a la atención plena de los movimientos de la consciencia que le permitirá despejar sus mentes de los pensamientos antiguos y congestionados. Podrán comprobar que muchas de las cosas que consideran “deberían hacer” son innecesarias, y las que realmente “deberían hacerse”, a menudo se hacen solas. Han de aprender a guiar sus energías en una proporción equilibrada, más que haberse forzados a vivir en un mundo fuera de sí mismos y crear ahí amplios estados, mientras su mundo interior está constituido por espacios estériles y ni siquiera tienen consciencia de la situación real.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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