El eneatipo 7 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

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16 may El eneatipo 7 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

Seguimos con las entradas sobre el trabajo de desarrollo de la personalidad según tu estructura o eneatipo en el Eneagrama de la personalidad. Hoy toca el Eneatipo siete.

El Eneatipo Siete: Idealismo oportunístico
Como es evidente los sientes con su pasión gula, (tendencia compulsiva a acumular experiencias y pensamientos que les hagan sentir estimulados) tienen una tendencia compulsiva a huir de los compromisos, buscando distintas experiencias e intentando hacer cosas diferentes y llevar a cabo distintos proyectos, la práctica de la meditación es una necesidad básica para constituir la respuesta precisa a esta deficiencia fundamental que subyace al código de la gula. Con la práctica de la meditación, los Siete serán capaces de desarrollar un sentido de enraizamiento , la capacidad de llevar a cabo el trabajo que tienen a mano con pocas dificultades, al tratar las distracciones internas o la consciencia que se entretiene así como las tentaciones externas, puesto que la meditación pone un fuerte acento en centrarse en lo real y estar plenamente en el presente o lo inmediatamente disponible, sin verse barridos por la fuerza instintiva de la gula y la insaciabilidad.
A medida que lo Siete inicien el trabajo básico de la meditación, se darán cuenta del hecho de que todas las experiencias pasan a través del presente, cuando lo capturan y lo viven plenamente a medida que se despliega cada instante distinto. Por lo tanto, no hay necesidad de que intenten cubrir la insuficiencia buscando constantemente cosas futuristas, lo remoto, lo imaginado y lo que está más allá; pues dicha búsqueda sólo serviría para perpetuar su apasionada gula y frustración a la hora de hallar el valor en el presente y lo real. Una vez el estar en el presente se haya establecido de un modo firme y a causa de ello, los Siete se conviertan en omnipresentes, todas las cosas que imaginan o piensan que están lejos y más allá de los limites de lo desconocido aparecerán frente a ellos; justo ahí en el momento presente. Por lo tanto, estarán totalmente presentes, estén donde estén.
La visión profunda o meditación atenta constituye el viaje interior sin ir realmente a ninguna parte o esperar conseguir nada especial, aparte de experimentar sin elegir y descubrir de un modo fresco todo fenómeno, ya sea físico, mental o espiritual que se produzca en el aquí y ahora. En esta práctica, el meditador simplemente proporciona la hospitalidad o atención ininterrumpida para que la fuente de energía trabaje, así como para que los sietes observen detenidamente sus procesos mentales reales, de modo que puedan discernir con precisión como operan realmente sus mentes. Para ellos será muy sorprendente ver como esta mente simiesca salta de una cosa a otra, siempre mirando a distintos objetos para satisfacer su gula, viajando constantemente lejos, en el ámbito esotérico o paranormal de la experiencia.
Oigamos lo que Buda dice en el Dhammpada: La mente parpadeante, difícil de contener, difícil de guardar, // El sabio la endereza,// Como el artesano que hace flechas// pone recta una flecha.
¡El sabio! Se refiere al que posee sabiduría o conocimiento interior. ¿Cómo podemos volvernos sabios o conseguir sabiduría? La respuesta más simple es: mediante la práctica de la visión profunda (vipassana) en la que la atención o la consciencia constituyen la llave para abrir la habitación de los tesoros ocultos donde se esconde la sabiduría semejante al diamante. Como sabemos, la palabra “meditación” simplemente significa el crecimiento mediante el entrenamiento mental. En este proceso de adiestrar la mente, es solamente básico observar todos sus movimientos y actividades para ver de un modo claro y preciso como tienen lugar y se llevan a cabo, de instante en instante, puesto que existen momentáneamente y siguen haciéndolo del mismo modo. Una vez establecida esta aguda observación de la mente y una vez distinguido con precisión y discreción los procesos mentales, la mente estará bajo un control espontáneo y, por lo tanto podremos ejercer de un modo eficaz nuestro propio poder para dirigirla y controlarla de cualquier modo que deseemos. Una mente dominada de este modo y adecuadamente entrenada se torna vigilante de un modo natural y se libera del deseo, la ira y la ignorancia, y por lo tanto nos lleva a la paz, la felicidad y la libertad. Por el contrario, la mente inconstante se aleja, vagabundeando de un lado a otro, a donde desea; aislada y revoloteando en las sensaciones desagradables, como un pez sacado del agua que se echa a tierra, tendrá muchos problemas para permanecer con vida.
Llegados a este punto, es evidente que los Siete deben empezar su meditación centrando una firme atención sobre la respiración, hasta que alcancen la calma física y mental. En el período de concentración, es necesario devolver la mente a la respiración y regresar al presente siempre que la mente oscile. En relación con esto, deben ejercerse regularmente la paciencia y la perseverancia para que el equilibrio interno y la consciencia constante puedan ser cultivadas y dominadas. Entonces, podemos aplicar esta consciencia sin juicios y apegos a cada pensamiento a medida que se presenta, así como a las sensaciones, percepciones o actividad mental a medida que penetra en el campo de consciencia, mientras permanecemos firmemente estabilizados en el presente. La práctica, en relación a la observación objetiva de la mente y sus contenidos mentales, es semejante a la descrita con algún detalle en el eneatipo Cinco. Los Siete deberán releer la sección de la práctica de la meditación dedicada a los Cinco antes de seguir leyendo.
Me gustaría hacer una observación general. Si vamos examinando la mente y la consciencia, en particular en la meditación, podemos ver qué tipo de mente o consciencia hay y que estado o contenido mental surge con la consciencia. Se observan los detalles del proceso con claridad mental, viendo, reconociendo y comprendiendo todo lo que se presenta a medida que lo hace; a resulta de ello, conseguimos un estado de gozo, rapto y estabilidad interior. Es importante discernir con claridad cada estado que surge con cada consciencia. Si la mente se distrae y se trastorna, nos damos cuenta y sabemos porqué. Si la mente se transforma, sabemos porqué en el instante. Sólo basta saberlo. No nos identifiquemos con ningún estado mental, simplemente debemos discernir cada estado precisamente tal cual realmente es. Al llegar a este punto, no debemos poseer un autoconcepto fuerte; hemos de experimentar el estado en lugar reconvertirnos en él.
En el Buda-dharma no existen palabras para una emoción, sino que todas las emociones se incluyen en los estados mentales y los de la consciencia, como pueda ser la ira, la pereza, la ansiedad, la preocupación, la agresividad, la inquietud, la paz, la tranquilidad, la serenidad, el afecto, la compasión, etc. Esta es la causa de que en el Dharma no haya un término específico para las emociones. Existe un término para el sentimiento (vedaná), pero el sentimiento no es una emoción. El sentimiento, si lo comparamos con la emoción, es muy débil. El sentimiento es simplemente sensación y valoración de la experiencia.
El discurso de Buda sobre la Consciencia de la Mente y Sus Estados, se refiere a ver la mente cuando está liberada; a la libertad de la mente. Sariputta, la mano derecha de Buda, que poseía una sabiduría elevada y profunda hablaba de cuatro características de la libertad. La primera era la inconmensurabilidad. La libertad no puede medirse. Cuando uno alcanza esta sensación de ser libre, no puede ver lo profunda o elevada que es la libertad. Parece abarcar todas las dimensiones. La segunda característica es la nada. Cuando somos realmente libres no podemos decir nada. Ni siquiera tenemos la sensación de “Yo soy libre”. Simplemente existe el estado de ser libre. Nada puede aferrarse y no se puede decir nada al respecto. La tercera característica es el vacío o la vacuidad. Está vacía de contenido, vacía de substancia, y vacía de vacío. Existe una sensación de que no falta nada. Se trata de un lleno, pero no un lleno en el sentido de estar lleno de cosas: lleno en el sentido de ser abundantemente pleno. Se trata del vacío fértil. La última característica es la falta de señal. No hay signo o indicación. Viajamos sin señales. Nada es significativo o carece de significación, nada nos ofrece una dirección, y no vamos a encontrar ninguna etiqueta, palabra o símbolo.
Es absolutamente básico comprender de un modo experimental estos cuatro atributos de la libertad, en particular para los Siete, puesto que sus principales errores cognitivos se cifran en una gran confusión entre realidad e imaginación; la confusión entre la experiencia real y la imaginativa llega hasta el extremo de que, con una convicción sólida confunden la última como si fuera la experiencia real. Aunque toda clase de experiencia es real en su propio nivel de realidad, es muy importante y necesario ser capaz de diferenciarlas de un modo claro, para que podamos trazar una línea inequívoca y decisiva entre qué clase de experiencia es real y cual es imaginativa. Esta clase de mirada provista de una absoluta claridad de la consciencia, eliminará la confusión y la ignorancia de una vez por todas. Mientras haya confusión, ello nos indica que la ilusión óptica de la consciencia o fuerza de la ignorancia sigue operando activamente a un nivel profundo de la consciencia, cegándonos y, por lo tanto, impidiéndonos ver de un modo adecuado las cosas como realmente son.
Una Historia para el eneatipo siete.
Es la historia de un Siete que meditaba con su maestro (autor de estas meditaciones) en E.E.U.U. Hacía el final de un retiro, en el que él participaba, dio al grupo unas instrucciones específicas para realizar un ejercicio de contacto ocular. Al no poder encontrar pareja para el ejercicio, pues el grupo era impar, decidí hacer el ejercicio con él. Cuando le miré de un modo profundo y penetrante a los ojos, me sorprendió en gran medida ver la red de su mente ( la mente del Siete) semejante a la energía de un campo magnético en el que todos los patrones de energía se conectaban sistemáticamente y se entretejían de un modo ondulante. Existía una energía tan enorme, compacta y casi impenetrable que operaba en dicho sistema mental, que me dejo totalmente perplejo y en paz. Cuando volvimos a la meditación sentada, experimentó su mente de un modo totalmente sereno, algo que nunca hubiera imaginado pudiera sucederle. La serenidad de su mente le tomó por sorpresa.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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