El Eneatipo 6 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

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04 may El Eneatipo 6 y su desarrollo mediante la meditación y la presencia consciente.

El Eneatipo Seis: El Acusador Acusado
Puesto que los Seis son las personas más lógicas e intelectuales y se dedican a razonar y adorar al intelecto, para ellos es básico hacer fundamentalmente una meditación sobre el cuerpo o las sensaciones corporales, más que comprometerse con los procesos mentales. Básicamente los cuerpos de los Seis suelen estar muy tensos y son más complicados en comparación con otros tipos, debido al hecho de que reaccionan siempre a toda clase de cosas que pasan por su cabeza en relación al entorno y al mundo en general. Esta reacción mental, junto con el miedo y la suspicacia, influyen en gran medida en el cuerpo, creando huecos en sus distintas partes hasta el punto de que el cuerpo no puede hacer más que llenar dichos huecos con tensiones físicas y patrones de energía de emociones o sentimientos y de este modo los cubre o los entierra. A causa de ello las partes principales de su cuerpo contienen y transportan los bloqueos psicológicos y emocionales que, a su vez , les motivan a convertirse en su vidas con mayor rapidez en reactivos, así como les obligan de forma compulsiva a ponerse a procesarlos a la hora de emprender el trabajo terapéutico.
El meditar sobre la respiración es bueno para salirse de la cabeza y para calmar la mente discursiva y pensante, pero no es suficiente para los Seis. Deben hacerlo acompañado de un abrirse y exponerse a las sensaciones corporales, experimentándolas y observándolas realmente de la forma más completa posible. Practicando la meditación de este modo, se relajaran más y se liberaran del dominio de la cabeza o estarán en contacto con los patrones de energía enterrados, permitiendo su liberación. Cuando estamos el tiempo suficiente con una sensación corporal (o con cualquier cosa) siempre sucede algo. La razón es que el poder de la presencia y la llama de la atención (la esencia de la práctica de la visión profunda) son fuerzas omnipotentes que rompen los obstáculos y sacan lo oculto al exterior.
Además, los Seis deben practicar la meditación caminando, o un caminar atento, de forma regular, pues ello les ayudará a estar con el cuerpo mediante la consciencia focalizada en el movimiento físico que se produce en relación con el ir y venir de la respiración de la que surgen las sensaciones, ya sean agradables, desagradables, o ni agradables ni desagradables. En realidad, el ejercicio de caminar atento se considera una de las prácticas de meditación más poderosas, puesto que puede producir los mismos resultados que la meditación sentada, o sea: estabilidad interior, o una mente firmemente estabilizada y conocimiento interior o visión profunda (Vipassana). En la literatura budista comprobamos que muchos monjes y monjas alcanzan la conciencia plena  mientras practican la meditación caminando, que, según la práctica tradicional, constituye el ejercicio indispensable y alternativo que acompaña la práctica de la meditación sentada.
Con propósitos prácticos, algunos detalles específicos sobre la meditación caminando atenta son: implica consciencia de una postura, una posición precisa de ciertas partes del cuerpo físico y el movimiento a medida que éste se produce. Este ejercicio incluye la observación de la interacción del cuerpo, la sensación, las modalidades de los sentidos, la emoción y los estados mentales.
Para empezar debemos ser conscientes de nuestra postura de pie, reconociendo de un modo silencioso todo el cuerpo organizándose en la postura; en segundo lugar, centrarnos con claridad en el propósito de caminar, en tercer lugar, llevar a cabo cada movimiento de un modo preciso en el proceso de caminar, y, finalmente, ser plenamente consciente de la ejecución del propósito antes de llevar a cabo cada uno de los movimientos. De este modo, caminamos de un modo consciente con todo nuestro ser, y al mismo tiempo observando todo lo que le acompaña. La experiencia de lo que sucede (patrones de energía como sensación, sentimientos, la red de pensamientos, la interferencia del ego o las subpersonalidades en funcionamiento, y distintas formas de condicionamiento en actuación) debe ser observada de un modo impecable con un escrutinio mental sereno o con una consciencia no-verbal. El estado de testigo es la consciencia, una energía que brilla eternamente mediante los diez mil ojos del vipassana (el ojo de la totalidad), hablando simbólicamente.
Otra forma de meditación de los Seis es el ejercicio de observar intensamente su entorno inmediato, sea el que sea. En particular al salir fuera, en lugar de permanecer en sus cabezas, deben abrir totalmente sus ojos y estar alerta, mirando y observando todo lo que suceda en el entorno y en el mundo que les rodea. De este modo, no estarán tan liados con pequeños fragmentos de su pensamiento, fantasías y proyecciones y serán más objetivos y abiertos con relación a los correspondientes objetos de los sentidos que penetran sus modalidades de percepción. Mediante una observación de esta naturaleza, verán con mayor claridad no sólo las cosas exteriores, sino también las interacciones precisas de su mente con las cosas vistas, oídas, olidas, sentidas y experimentadas. Cuando los Seis se mantienen cada vez más fuera de sus cabezas, las puertas de la creatividad, la sensibilidad, la intuición y el poder psíquico se abrirán, permitiéndoles cosechar los abundantes frutos de todos estos recursos personales.
En la meditación sentada, tras haber alcanzado un cierto grado de relajación corporal y calma mental mediante la practica de la respiración atenta, los Seis deben centrar su atención de un modo energético en el proceso mental para ver de forma clara como funcionan realmente sus mentes. En lugar de seguir con el pensamiento, el razonamiento o intelectualizar sobre lo que se está experimentando de un modo compulsivo o incluso obsesivo, ya sea abstracto o concreto, deben dirigir su energía a observar de un modo perseverante y silencioso la interacción de las actividades corporales y mentales, así como los procesos reactivos dentro de sus mentes y en sus cuerpos físicos. De este modo, conseguirán no sólo una comprensión más clara y profunda del funcionamiento de sus mentes, sino también un conocimiento interior sobre las realidades y las irrealidades de lo que sucede. En realidad, lo Seis son muy buenos a la hora de adiestrar sus mentes y agudizar su sabiduría mediante la observación perseverante en el espíritu del desarrollo de la visión profunda. Es inevitable que deban prepararse para emprender la dolorosas y dura vía de la meditación puesto que sus sistemas psico-físicos son bastante complicados. Al atravesar un valioso dolor y sufrir con la herramienta transformadora de la consciencia profunda, deben proveerse de sabiduría y volverse personas de conocimiento muy capaces de explicar, y hacer, las cosas con claridad, más allá de toda duda razonable.
Una Historia para el eneatipo seis.
Había un monje budista llamado Mahánága, que equivocadamente, se consideraba uno de los seres iluminados debido a su poderoso intelecto y su conocimiento sin límites. Mantenía que había estado iluminado durante sesenta años y, por esta razón, dejó de practicar todo tipo de meditación. Un día, uno de sus discípulos, Dhammadinná, que acababa de alcanzar la iluminación plena, en su profunda visión comprobó que su maestro estaba muy lejos de lo que proclamaba. Sintiendo compasión por él, Dhammadinná voló por los aires con la intención de echarle una mano. Cuando llegó al lugar en que estaba su maestro era de día, y su maestro descansaba estirado. Tras el intercambio de saludos propio de la disciplina monástica, el anciano Mahánága preguntó la razón de la visita de su discípulo a esa hora tan poco habitual. Dhammadinná le informó de su propósito de hacerle mil preguntas, lo que hizo y a la que el maestro Mahánága respondió de un modo brillante. Luego Dhammadinná le preguntó a su maestro si había hecho alguna práctica de meditación samádi (conciencia de unidad plena), a lo que respondió afirmativamente. Después, pidió a su maestro que entrara en samádi; tras un rato, se le apareció la imagen de un fiero elefante. Desbordado por el miedo y careciendo de conocimiento interior para manejar esta aterradora imagen, salió repentinamente de la meditación y empezó a correr. Dhammadinná lo detuvo de inmediato y le confesó la verdad, de que no estaba todavía iluminado tal como afirmaba puesto que seguía teniendo miedo en su psique. Por suerte, el maestro fue lo suficientemente inteligente y humilde frente a un ser iluminado tan poderoso como Dhammadinná. Le pidió consejo y más instrucciones para meditar. Lo que Dhammadinná cumplió plenamente. Poco después, el aciano Mahánága alcanzó la autentica y plena conciencia mientras llevaba a cabo meditación atenta caminando.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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