El Eneatipo 4 y su desarrollo mediante la meditación de presencia consciente.

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30 mar El Eneatipo 4 y su desarrollo mediante la meditación de presencia consciente.

El Eneatipo Cuatro: Buscando la Felicidad a través del dolor
Básicamente, los Cuatro deben superar la tendencia muy enraizada a engancharse y lamentarse del pasado y hacer conjeturas sobre el futuro, adoptando una práctica de meditación que ponga mucho énfasis en estar presentes en el momento: o sea, la meditación de atención plena. En esta práctica, los Cuatro deben centrar la atención vital en el aquí y ahora, manteniendo el cuerpo y la mente serenos y atentos y con la plena vigilancia para que sean capaces de entrar en la presencia plena y permanecer ahí indefinidamente.
Con esta forma de meditar estamos totalmente abiertos a todo, ya sea oscuro o luminoso, en el tiempo y en la eternidad, puesto que ese momento presente de todo unificado no es sólo una medida de tiempo entre el pasado y futuro, sino de un tiempo eterno a través del que las cosas del pasado y del futuro pueden verse con, y procesarse naturalmente por la energía pura y vital de la consciencia impecable, desapegada y sin juicio. Se trata de la herramienta transformadora de la práctica de la visión profunda. Aquí, en la omnipresencia o presencia total del ser indiviso, todas las cosas están incluidas, no quedando nada fuera. Por lo tanto, no hay necesidad de preocuparse de perder nada; y se vuelve totalmente necesario que los Cuatro se convenzan de esta verdad, de modo que no se vean alterados ni por el pasado ni por el futuro, o incluso por una sensación distorsionada de falta en el presente convencional. Lo mejor para saber con certeza si dicha afirmación, tal como la formulada antes, es verdadera o no, es comprobarlo uno mismo mediante el auténtico esfuerzo vivencial.
Escuchemos las sabias palabras de Buda: No te arrepientas del pasado// No te distraigas con el futuro//Permanece aquí, en el presente y // Contempla a fondo lo que esta pasando.

El soltar constituye otra práctica básica para los Cuatro, puesto que señala concretamente al abandono del apego al doloroso pasado y las expectativas irreales sobre la bondad del mundo exterior. Al ser la esencia de la práctica espiritual, el soltar combate el apego no sólo a las cosas materiales y no materiales , sino también a las buenas y malas experiencias, así como al anhelo compulsivo y exagerado de ser amado con el fin de sentir el propio valor. Cuando no hay apego, las cosas tienen la libertad de fluir a su modo. Por lo tanto, el apego como fuerte sistema de apoyo y dependencia (que todos necesitamos de niños), funciona en términos de aferrarse sólidamente a las cosas, incluso hasta el punto de crear tensiones, estrés, miedo, dolor y sufrimiento. Por lo tanto, soltar el apego es la cura permanente para toda enfermedad psicoespiritual y tiene como resultado la verdadera independencia y una libertad sin medida.
Para que el soltar sea eficaz, debe estar presente un agudo conocimiento interior o un ver totalmente claro. Sin este exigente y profundo conocimiento interior en la plena estructura de lo que hay en el momento, no habrá un soltar real. Pero en el momento en que existe este ver total y articulado, el soltar se produce de un modo natural. Por lo tanto, el conocimiento interior y el soltar tienen una relación indispensable e intima. Para cultivar el conocimiento interior necesitamos meditar en el sentido de estar firmemente en el pleno presente creativo, así como en completa serenidad, tanto física como mentalmente, durante un cierto período de tiempo, o sea, lo suficiente para permitir que se manifieste en una profunda meditación el conocimiento interior a través del campo de energía de la serenidad y el silencio.
Otra cosas que los Cuatro han de tener en cuenta en su meditación, es la tendencia a quedarse trabados en un estado de gozo, puesto que no les cuesta acceder a él. Una vez alcanzan este estado de bienaventuranza de la consciencia meditativa, simplemente quieren volver a él para estar en dicho estado de gozo siempre que meditan. Lo que vuelve a ser un estado de apego, aunque se trate de un logro positivo y deseable, puesto que sigue siendo una trampa. El convertirse en adicto a este gozo nos convierte en seres espiritualmente dependientes y, por lo tanto incapaces no solo de movernos, sino de llevar a cabo la observación concreta de lo que sucede aparte del mismo estado de gozo. Tras alcanzar este exuberante y elevado estado de meditación, en ocasiones lo meditadores se engañan inconscientemente, creyendo que han alcanzado la iluminación. Se trata de una de las habituales  “corrupciones” del desarrollo de la visión profunda. Por dicha razón, los Cuatro tendrían que tener en cuenta el que no se apeguen al gozo, sino que simplemente lo experimenten y luego sigan adelante hacia un estado meditativo más profundo y más completo mediante el atento ejercicio de la continua e ininterrumpida observación constante. Al hacerlo, se obtendrán muchas visiones interiores; aunque las visiones conseguidas mediante dichos actos de observación siguen asociadas con el intelecto, lo que podría denominarse “visiones interiores intelectuales”. Sin embargo, son de gran ayuda de cara a la conciencia plena o conocimiento real y conocimiento interior que llevan al desarrollo de la esencia.
Muchos Cuatro meditadores pueden acceder a las visiones interiores sin grandes dificultades, pero no parecen trasladarlas a la práctica de la vida cotidiana, o siquiera utilizarlas cómo medios eficaces para conseguir la liberación completa de la garra del ego y la plena libertad del ser. Hasta que no aclaremos las visiones interiores y las pongamos en práctica en nuestras vidas reales, se trata de simples visiones interiores y no nos proporcionan ninguno de los beneficios esperados. Por lo tanto, para sacar un pleno provecho de ellos, es absolutamente básico hacer un uso enérgico de las visiones interiores conseguidas ya sea mediante la meditación profunda o mediante una autoobservación aguda.
Una Historia para el Eneatipo 4.
En tiempos de Buda vivía un monje llamado Kumara Kassapa. Una noche, mientras meditaba bajo un árbol en un bosque recogido, se le apareció una deidad y le explicó la historia de un hormiguero en forma de montículo. El deva (deidad) dijo: “¡Monje! ¡Monje! Había una vez un hormiguero que humeaba por la noche y ardía de día. Había también un brahmin (persona perteneciente a la clase religiosa en la sociedad India) y un monje; y el brahmin le dijo al monje: “hombre sabio, cava el hormiguero, ve y coge tu pala.” Por lo tanto el hombre sabio empezó a cavar el hormiguero con su pala y encontró un gran tornillo de hierro. Miró vacilante al brahmin, sin saber que hacer. El brahmin dijo: “¡Sácalo y déjalo aquí!” “Sigue cavando con tu pala” Siguió cavando y encontró una rana, una gran rana. Se sorprendió y volvió a mirar al brahmin en busca de guía. “¡Sigue cavando! ¡Deja que salga la rana! ¡Deja que salga del hormiguero! La dejo salir y siguió cavando y encontró una tortuga. Paró de cavar y miró al brahmin y dijo: “¡Vamos sigue cavando!” Siguió y encontró un colador. Tampoco sabia que hacer con él. El brahmin volvió a decir: “¡Sigue cavando!”Siguió cavando hasta llegar a una encrucijada debajo del hormiguero. Miró al brahmin, lleno de dudas y confuso. “¡Vamos! ¡Sigue cavando!” Lo próximo que encontró en el hormiguero fue un matadero. De nuevo el brahmin le dio las mismas instrucciones: “¡Sigue cavando! ¡Deja el matadero!” Siguió y dentro del hormiguero encontró un trozo de carne fresca. No sabiendo que hacer con él, miró al brahmin que le aconsejó: “¡Vamos! ¡Sigue cavando!” Siguió con el brahmin a su lado como siempre, dispuesto en todo momento a aconsejarle cuando estuviera perplejo o tuviera dudas. Lo último que encontró al final del hormiguero fue una cobra. La cobra era muy grande y poderosa y se levantó en el agujero que había hecho, desplazándose de un lado a otro. El monje estaba asustado. Miró al brahmin, y el brahmin dijo: “¡No hagas nada! ¡Deja estar a la serpiente! ¡Házle reverencias! ¡Acógela plenamente!”.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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