El desarrollo del Eneatipo 5 mediante la meditación y la presencia consciente.

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13 abr El desarrollo del Eneatipo 5 mediante la meditación y la presencia consciente.

El Eneatipo Cinco: Buscando la totalidad mediante el aislamiento.
Como sabemos, una de las características destacada de los Cinco es la curiosidad, un deseo fuerte y puro de conocer o aprender sobre las cosas, que en realidad constituye un rasgo de nuestra ingenuidad humana o mentalidad elevada. Lo que conduce a la omnisciencia o el atributo de tener un amplio conocimiento. Hablando de conocimiento, poseemos tres tipos: uno es el conocimiento adquirido mediante el aprendizaje sistemático y estudiando según el currículo diseñado por un sistema educativo; el segundo tipo de conocimiento se obtiene mediante el pensamiento sistemático y el trabajo de investigación, como pueda ser el conocimiento filosófico, los descubrimientos psicológicos y científicos; y el tercer tipo sólo puede obtenerse mediante la meditación, en particular el desarrollo de la atención y visión profunda. De ahí que la curiosidad auténtica por saber o aprender (la capacidad de ser lo que sabemos o lo que aprendemos) se refiere al deseo inteligente de conseguir un conocimiento interior, el más alto grado de conocimiento que sólo puede obtenerse y desarrollarse plenamente en los seres humanos. Por dicha razón, el sistema de la práctica de la visión profunda casa perfectamente con el carácter de los Cinco, que también poseen una mente penetrante, muy inteligente y agudamente analítica. Dicha mente, cuando está adecuadamente entrenada a ser consciente y atenta, y está preparada en lo que atañe a la consciencia sutil y el conocimiento puramente visionario, aportará no sólo sabiduría iluminada, sino una libertad de ser y hacer intemporal y sin límites.
Por lo tanto, para llevar a cabo este entrenamiento especial, o práctica, los Cinco, como todo el mundo, deben empezar centrando su atención en el subir y bajar la respiración con el propósito de establecer una mente claramente equilibrada y accesible. Una vez se ha alcanzado un atención accesible o una estabilidad prácticamente firme de la mente, deben aplicar una consciencia simple, sin apegos y juicios, mediante una observación objetiva de los procesos físicos y mentales, distinguiendo y diferenciando claramente cada uno de los procesos, ya sean físicos o mentales. Dicho de otro modo, mediante esta aguda observación deben ser capaces de escoger precisamente lo que pertenece al cuerpo (o sea, las actividades corporales y las energías que pertenecen al cuerpo, incluyendo el cuerpo sutil) las sensaciones, ya sean agradables o desagradables, o ni agradables ni desagradables, la percepción e ideación que opera a través de las modalidades de los seis sentidos, las formaciones mentales de distintos estados de consciencia y la consciencia misma.
Cada cosa debe verse con claridad y debe registrarse de un modo adecuado; este es el primer paso. Luego, en un segundo paso, debe observarse de cerca la interacción entre los procesos corporales y los mentales, o fenómenos psíquicos, para que puedan comprenderse de un modo vivencial, así como la interdependencia e interrelación de todo lo físico, mental (o psíquico) y los temas espirituales, tal como se revelan a sí mismos en la meditación a dicha mente estabilizada y agudamente observadora, ya sea durante las sentadas formales o en la vida cotidiana real.
En este segundo paso, es realmente muy básico romper y separar cada detalle del proceso y su interacción o interrelaciones, de modo que nada pueda llamarse realmente una entidad o cosa en sí misma, sino que sólo se trate de relaciones que prosiguen en un patrón continuo (la continuidad en la que todas las cosas que aparecen se rompe de instante en instante, pero no son vistas por la mente ordinaria) según la ley natural del origen dependiente, la existencia intercomunicada y el cese interrelacionado. Así como la verdad del siempre cambiante, momentáneamente existente y desaparecer temporal de todas las cosas en el contexto de las relaciones o procesos, incluyendo el hecho real del conflicto interno o externo y la falta de una entidad permanente que exista dentro o fuera de los agregados que conforman la noción de un sí mismo o un individuo. Todo ello debe ser observado a fondo y realizado de un modo vivencial mediante la impecable mente meditativa.
Finalmente, llegamos al tercer paso de la práctica de la atención y de la visión profunda en la que los Cinco que meditan entran en el campo de energía de la serenidad , donde todas las partes componentes que crean la noción de una “persona” o un “individuo” desaparecen; el campo de energía de la consciencia espaciosa en la que la visión del vacío fértil empieza a manifestarse y a desplegar la abundancia de ser y el campo de energía de sabiduría sin limites de tipo diamantífero que corta el velo de la ignorancia, desenraizando totalmente la fuerza oscura de la ilusión, transformando radicalmente todas las impurezas u obstáculos y abriendo finalmente la puerta a la iluminación y al nirvana.
En este viaje de descubrimiento (o de desvelar lo oculto) cada punto de contacto interno, tanto en el sentido normal de la mente como en la facultad del sentido infinito, no-físico y no mental, está claramente marcado y cada detalle de manifestación está adecuadamente registrado en la consciencia. Ello se debe a que la consciencia vital, un nivel de consciencia indispensable, nutre constantemente de información a la función ejecutiva de la consciencia, que dirige y es testigo de todo lo que sucede y no sucede. No olvidemos que en cada proceso de la consciencia existe un acto de registrar y de tener en cuenta las cosas y las experiencias; así como los actos de conocer, reconocer y decidir, que son funciones naturales en el flujo de consciencia. Estas deben penetrar también en el campo de consciencia para que uno pueda alcanzar una claridad diáfana, hasta no necesitar añadir ninguna etiqueta a lo que se experimenta en el momento, excepto cuando es absolutamente importante una confirmación. Puesto que el proceso consciente tiene todos los ingredientes exigidos para funcionar y manifestarse, lo que le queda por hacer al meditador es ser simple y estar totalmente consciente de ellos con una clara comprensión del funcionamiento del proceso.
Sin embargo, los Cinco meditadores tiene que tratar con algunas dificultades: una es la tendencia compulsiva a repetir o dar vueltas una y otra vez a ciertos contenidos de la mente en la meditación sentada o caminando. Esta clase de dialogo interno se hace tan convincente que a veces cuesta de abandonar. Aquí vuelve a ponerse en funcionamiento el rasgo de personalidad del retraimiento, en particular el acto de eludir profundizar en una meditación sólida, así como de observar a fondo lo que sucede en el centro psíquico. Permanecer en la superficie y estar siempre en las nubes no constituye un problema exclusivo de los Cinco, sino de la mayoría de los meditadores. Ello se debe a que la mente, al estar bajo la influencia de la insatisfacción, busca siempre alguna satisfacción o gratificación, entreteniéndose en repeticiones de una historia, una fantasía emocionante, un reciente viaje placentero o, incluso un agradable acontecimiento muy lejano en el tiempo. Es un método para ganar tiempo y evitar la meditación real esperando el fin de la sesión.
El antídoto para esta clase de obstáculo consiste en reforzar y solidificar la concentración, prestando una plena atención vital a la mente taimada con una fuerte determinación de ver precisamente como se mueve y a lo que trata de escapar. Al hacerlo, la mente seguramente se calmará, al igual que una vaca atada a un palo con una cuerda, tras dar vueltas durante un rato incapaz de ir a ninguna parte, se tumbará pacíficamente. Por lo tanto, los Cinco meditadores deben tomarse en serio sus repeticiones compulsivas, o sea, deben tener en cuenta desde un principio de la sesión de meditación que algo de esta naturaleza puede ocurrirles, haciéndoles sentir la necesidad de repetir una y otra vez algunas cosas. Al estar bien preparados para afrontar un obstáculo o un eslabón que ate a la mente a un objeto agradable, serán capaces de desatarlo de inmediato.
Otra traba con la que se topan los Cinco, es la tendencia a adquirir una sabiduría tan sofisticada que en la vida material se vuelve poco práctica, puesto que ven las cosas en términos de abstracción absoluta y en un contexto excesivamente filosófico. Por ejemplo, el budismo Mahayana en un principio había desarrollado la facultad de sabiduría a tal extremo que era casi imposible practicar en el mundo real, porque existía una contradicción entre el deseo de salvar al mundo y el sonido de la sabiduría absoluta resonando en sus oídos, diciéndoles que no hay mundo que salvar puesto que todo es vacío. Frente a este problema insoslayable, se volcaron a la compasión y la utilizaron a tal extremo que el ideal de Bodhisattva se desarrolló ampliamente. Uno de los votos del Bodhisattva afirma con firmeza que éste ofrecerá sus servicios al mundo y no entrará en el Nirvana hasta que todos los seres sensibles, incluyendo la última brizna de hierba, alcancen la iluminación. En relación con esto, es imprescindible que los Cinco unan la sabiduría con la compasión, en el sentido de que estas dos sublimes cualidades del corazón y de la mente se desarrollen equitativamente hasta alcanzar su plena capacidad para conseguir un completo equilibrio; si no es así, se convertirán en áridos eruditos o místicos sin sentimientos.
Una Historia para el Eneatipo 5.
Para un modelo de meditación, escuchemos la propia historia de Buda en relación a su búsqueda de la iluminación en el período en que todavía era el ermitaño Gautama. Tras abandonar a sus dos distinguidos maestros, al haber alcanzado todos los logros que ellos podían proporcionarle y no teniendo nada más que enseñarle, el monje Gautama se dio cuenta de que no había conseguido la última meta de la suprema iluminación, que es lo que él buscaba. Por dicha razón, los abandonó y siguió buscando la verdad absoluta experimentando con la austera práctica del ayuno, con la que tampoco pudo alcanzar sus objetivos. Tras haberse dado completamente cuenta de lo infructuoso de un ayuno tan severo, adoptó el camino intermedio, la práctica entre las dos vías extremas de la autoafirmación del ascetismo y el abandonarse a los placeres de los sentidos. Una bella mañana, mientras estaba sentado bajo el árbol de Bodhi frente al río Neranjará en Bodhagyá (India) una mujer acaudalada, llamada Sujatá, le trajo como ofrenda una bandeja de suculenta comida de la que tomó cuarenta y nueve bocados del más nutritivo alimento (que, tras la intensiva experiencia de la iluminación suprema le mantuvieron vibrantemente vivo durante cuarenta y nueve días sin consumir ningún alimento).
Luego, se acercó con la bandeja al río y la puso en la corriente, mientras planteaba el deseo de que si había una posibilidad de convertirse en un supremo Buda, la bandeja debería ir a contracorriente; pero, en el caso de que no hubiera esperanzas, la bandeja debía seguir la corriente. Tras hacerlo y comprobar que la bandeja iba a contracorriente del río Neranjará, volvió con confianza al árbol de Bodhi y preparó su asiento de meditación con un manojo de hierba gusha que le había ofrecido un campesino con el que se había encontrado a su regreso. A la caída del sol de ese día concreto, antes de meditar, tomó la firme determinación de que no se levantaría de su asiento hasta haber alcanzado la iluminación suprema, sin importar lo que le sucediera, aunque se le secara la sangre y su cuerpo físico se quebrara y rompiera a trozos, por no citar el dolor y el temor que pudieran desbordarle.
En esa noche de luna llena se enfrentó con las fuerzas oscuras más poderosas de Mára (equivalente al Demonio como opuesto a Dios) que, en primer lugar, envió a sus tres hijas bellas para que sedujeran al monje Gautama (Ragá, Tanhá y Arati, que significan lujuria, deseo y aversión respectivamente). El monje Gautama se mantuvo firme en su propósito de alcanzar la iluminación y, por lo tanto, no se vio alterado por sus retorcidas seducciones, puesto que las conocía perfectamente debido a su experiencia personal de cuando era príncipe Siddhartha y llevaba una vida lujuriosa en el palacio paterno. Totalmente defraudado y furioso con el monje Gautama, Mára envió a sus ejércitos por tierra, mar y aire para asustarle mortalmente. Tras visualizar miles y miles de soldados totalmente armados y apuntándole, así como cientos de buques de guerra que avanzaban hacía su árbol de Bodhi, y tras oír el insoportable ruido de los aviones de combate volando en los cielos, a punto de soltar sus bombas sobre él, el monje Gautama se sintió terriblemente asustado, sus manos salieron de la postura de meditación, se apoyaron en sus rodillas y abrió ligeramente los ojos para comprobar si estas cosas estaban realmente sucediendo. Pero fuera no había nada así, todo estaba en paz y tranquilo en los alrededores. Al darse cuenta del hecho de que todas las imágenes que veía eran simplemente la personificación y manifestación de patrones de energía de un apego muy enraizado y el residuo de los placeres sensuales, así como un profundo sentimiento de aversión o ira y el de profundo temor en el centro psíquico de su conciencia, cerró sus ojos y volvió sin problemas a su profunda meditación. Tras llevar a cabo tan eficazmente el trabajo de transformación en los ámbitos del deseo, la aversión, el apego y el miedo, al amanecer, cuando el solo empezaba a salir y la oscuridad de la noche desaparecía gradualmente alcanzó la iluminación suprema, ahí y ahora, el día de luna llena de Mayo.

Jose Luis Rosa
joseluis.actitudconsciente@gmail.com
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